Café
—Ceci —Sergio gritó desde el cuarto—. ¿Viste mi camisa de rayas celestes?
—Te pregunté ayer y me dijiste que la podía llevar a la tintorería.
Sergio se asomó.
—Pero la quería usar hoy.
—Te pregunté, Sergio.
—Bueno, uso la blanca —y dejó a Cecilia sola otra vez.
Ella suspiró. «Menos mal que los chicos ya están grandes». Abrió otra puerta de la alacena y sacó el edulcorante líquido. «Tendría que anotarme para pasar por la tintorería a buscar la bendita camisa». Del gabinete donde guardaba las cosas de limpieza y demás, sacó el frasco con el veneno para ratas y dejó ambas botellitas junto a las tazas.
«No sé cómo se las arreglaría este hombre sin mí». Sirvió el café, abrió el frasco y le echó un chorro a una de las tazas.
—¡Vení que se te enfría el café! —llamó a Sergio, tomó su taza y bebió.
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