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Victoria Morán

Escritura y literatura
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EL AMOR SON LOS PADRES

EL AMOR SON LOS PADRES
Ver Hotel Transilvania en continuado, una tarde ventosa en la cabañita necochense.
Verla sólo para verte reír como un chico exultante, a carcajadas, gozando con asombro a pesar de haberla visto como cinco veces.
La forma en que asentás el mate, sorbiendo lentamente, entregando un pase cada diez minutos.
La forma en que desayunás con hambre de mendigo, desplegando tostadas, medialunas calientes, galletitas, café, yogurcito, manteca, queso y el infaltable dulce de leche.
Las veces que me interrumpís cualquier acción mundana que esté acometiendo concentradísima con un “te amo” o un “qué hermosa que sos”.
La manera tierna y bestial a la vez en que buscás mi cuerpo desnudo por las noches, mientras dormimos y me envolvés con tus piernas largas y suaves, como tenazas sedientas de tacto, de piel, de la mayor cercanía posible.
Cuando de la nada me tomás la mano mientras manejás y me besás los dedos con un amor que me emociona todo el viaje.
Yo, malquerida y desconfiada, me vengo chúcara ante este amor tsunami. Muchas de las costumbres aquí narradas bordean mi irritación, de hecho. Pero es tanto el amor genuino que recibo, sin máscaras, así, brutalmente escorpiano por honesto y desmesurado, que lo tomo en mis brazos llorando de alegría, como una niña acuna su muñeca nueva en la mañana de Reyes.
Yo, que en el amor, había dejado de poner pastito y agua hace rato, creyendo que mis zapatos no servían de pronto vuelvo a creer en la magia de los astros y siento que una estrellita nos guía en medio de tanta oscuridad.
Una noche de noviembre de 2021, atiborrada de estrellas, en lo más alto de Tafí del Valle, cayó una luz radiante a la que le pedí con una claridad supina: “Quiero un hombre que se ame a sí mismo y esté en camino de sanación”.
Quién sabe, tal vez aquella lucecita impulsó este milagro de amor que hoy nos sostiene de ambos lados, como un amoroso puente.
Podría decir aquí mismo que en realidad, el Amor son los Padres y estaría diciendo una gran verdad. Freud se haría una fiesta con esta aseveración.
Cuando creía que mis zapatos no eran aptos para ser retirados por las majestades, anduve noches descalza, montando en pelo a la vida, maldiciendo a los que creen, poniendo toda la fe en mí misma. Autocuidado, autoestima, automasaje, autoestímulo, autoboicot, autocontrol.
“Hágalo Usted misma”. Y lo hice. Y me autoconocí hasta el tuétano. Con horror, con dolor, con valentía, con culpa, con llanto. Mucho y a solas, conmigo. Hasta que el ave fénix alzó vuelo y desde arriba le hizo vaffanculo a la realeza, a los zapatos, a los padres y a la que fui cuando no me amaba lo suficiente.
Este amor del estribo es mi semilla al viento. He cuidado mi tierra, aré, desmalecé, regué. Este amor que crece y crece en cada beso nos da los frutos más sabrosos. Fruta madura que comemos de nuestras bocas sedientas y jugosas. Amor maduro. Sano y bien plantado. Lo cuidamos juntos. Lo saboreamos juntos. Libres y diferentes. Cómo lo gozamos, amor... Cómo lo gozamos.

V.M. (c)
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UNA VUELTA

UNA VUELTA
La vida es una vuelta en calesita. Durante muchos años -demasiados- fui sentada en el auto celeste, con los frágiles, los que lloran y los que tienen miedo. Un día junté coraje, me bajé en movimiento y logré subir al caballo blanco, el de afuera, ese que te invita a conquistar la ansiada sortija en cada giro. La vida desde esa altura se sintió más viva que nunca. Y ya no más el dinosaurio bobo, el cisne seriote o el banco donde van las viejas con los nenes a upa. Ahora soy jinete. Guarda que voy en mi corsario veloz, envalentonada y con los ojos cerrados. Guarda, porque ya no tengo miedo y le agarré el gustito a cabalgar. Cuidado, que estoy gozando. Son tres minutos la vuelta. No hay tiempo para berrinches ni dilaciones. Ahora saco medio cuerpo afuera y abro los ojos. La brisa me acaricia el pelo. El sol me besa la piel. Son tres minutos, nomás. Súbanme la música.

V.M. (c)
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VAFFANCULO

VAFFANCULO
Dejaré de sufrir, seré valiente,
Muy capaz de rearmarme, de ser otra.
Imperturbable y fría en la derrota
Y ante el dolor, de amianto, resiliente.
La frente alta, la sonrisa hermosa,
Empoderada fémina imparable,
El ave fénix, la diosa inexpugnable,
La oruga convertida en mariposa.
No caeré de rodillas ni de culo.
No me verán llorando ni cansada.
Y si asoma una lágrima embozada
La contendré con sobrio disimulo.
Seré feliz, aunque me duela todo.
Seré fuerte, aunque reviente a solas.
Si el miedo agita el mar, yo no haré olas.
Como el buen loto, flor seré en el lodo.
O tal vez no. Tal vez llore a los gritos
Y escupa las puteadas más hermosas
Y no de más y aplaste mariposas
Y ser de amianto me importe tres pitos.
Y me retuerza de dolor a oscuras,
Y desee mi muerte y la de varios
Y me duelan el tiempo y los ovarios
Y hundida en la más negra desventura
Me entregue al miedo con pánico entusiasta
Hundiéndome en un lago de tijeras.
No seamos invencibles, compañeras…
Seamos humanas, que con eso basta.

V.M. (c) copyrigth
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