Cafecito
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Andrea Marone

Arte
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*

SOPA, SOPERA, SOPITA, ABSORBE
sopaipilla, sopapea, ensalada
orégano, pimienta, provenzal
con sal, sin sal, celusal, cibulette.
Ensalada mixta, criolla
césar, ensalada rusa.
La clásica ensalada
pero, con lechuga hidropónica.

Nada de lechuga chamuscada
achura enchastrada en la heladera
sino lechuga burguesa, hamburguesa
rozagante, rocinante.

Recipiente de vidrio
en el alféizar de la cocina.

Sin una fibra de tierra
parasitaria en las hojas.

Sostengo las raíces babosas
con las yemas de mis dedos:
las estrujo, las traigo, las extirpo
la ira me consume
pabilo a cuentagotas
debe ser la manera de organizar el mundo
que duele un poco.
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*

UNA MUCHACHA CAMINA A LAS SEIS PM POR LA ALAMEDA.
Es verano el desierto nos apelmaza
esquina Córdoba y San Martín
menduco triángulo de las bermudas.

Todos pasan nadie está.

Los libreros toman birra,
los libros usados se queman al sol.
Zona de cotillón y casas de tela
(retazos en oferta, seda, gamulán)
Se refracta el sol en las bolsas de nylon de los transeúntes.

La piba tiene el pelo seco, decolorado
medio pajizo.
Cumbre del agua oxigenada.
Una línea gruesa delineando el párpado
bien negra como marca de crayón,
falda de cuerina descubriéndole los músculos
y medias en red.
Facha noventosa, algo vintage, un toque dramática
piel trigueña ensombrecida por tatuajes
en cada rincón de su fragilidad.
Los brazos ahogados con pulseras de tachas.
Sostiene una mochila, parche cosido de banda de rock.
Adentro, como la sangre que pugna por salir de la costra:
leche en polvo, una vela
número cuatro de parafina azul.
¿Y el niño? no juega
más bien se esconde entre los postes
bancos municipales y las caderas de mamá.

Hijo de la luna.

Tiene ojos transparentes,
no es vampiro pero el sol daña su piel.
El pelo resplandece como un foco de tungsteno
y la piel tan blanca, blanca
que las flores de los jazmines le tienen envidia.
Podría perderse entre los riscos cuando nieva en la montaña,
por fin impropio, por fin desdibujado
el cachorro albino de mamita punk.
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*

TRAS SABOREAR EL DULCE TODAVÍA TIBIO
entro en trance soy poseída.
En mis párpados cerrados
conspiran los frutos por nacernos.
Hablan con la trayectoria del caer de sus pétalos.
Fértiles por saldar la herida
ensayan partos mudos.
Su semilla engrosada con el barro
todavía se fragmenta entre las raíces.
Cascarón de huevo.
Es que hay un dolor silencioso
desde donde ocurre lo vivo.
Y agonizan hojas, tallos
conjuran cantos para alivianar la quemazón.
Cae la melodía que es agua espesa
entre las piedras del arroyo.
Cae cada nota por mi sumergida piel de manzana.

Bebe del río y remonta la calandria.
Su vuelo repite una coreografía
que es un himno de la vida nacida a la intemperie.
El ritmo es invisible.
Dibuja en el cielo figuras trágicas.
Bocanada de piedad que consigue sublimar
el equilibrio frágil del instante irrepetible.
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*

El fondo de las cosas es opaco.
No está allí la preciosa
serenidad que prometiste
Claudia Masín




UN CARDUMEN DE PÁJAROS ARRABALEROS
en las puertas de salida
del edificio prendiéndose fuego.
Fuego lapislázuli,
gema engarzada.
Ciento cincuenta palomas
giran en círculos dejan caer
sus plumas sucias al cemento.
En la ventana estoy yo
sin ninguna aspiración de huida.
Estas alas de gorrión carbonizadas
agitan el sueño como se agitan las cortinas
con el viento en una casa frente al mar:
la imagen es la cornisa.

Paso la vida buscando
la emancipación de este vértigo;
una razón que justifique el abismo;
persiguiéndole el rastro
al amor propio;
una concavidad en donde guardarme
de la intemperie.

Siento miedo del resultado de los análisis.
Siento miedo de mi desinterés
al precio de los bitcoins.
Los perros vagabundos me contagian las pulgas
y las plegarias de los homeless me hacen daño
como sentimos picazón cuando se entierra
una espina de cactus entre los dedos.

Todo lo que alergia
se soluciona con agua
por eso construía diques
entre tu cuerpo y mi cuerpo
donde sumergir la única calma posible
y hacer de ese incendio una llama
donde guardarnos
de la inminente caída.
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Desarticulación cubista

A Paul B. Preciado

SALÍ DE LA DUCHA
con la piel enrojecida
el agua caliente
apéndice del sol
perpendicular en la pared
me calcé un chaleco
de mi abuela,
las medias
de mi vieja,
y fui hasta la cama
con los pasos de quien almendra
la costra enmohecida en su vientre.

*

LO QUE TENGO PARA DECIR
me atraganta.
Prefiero recorrer
con el pulso inexacto
los sabores de la infancia:
la manzana rallada con canela,
la cajita de caramelos, un guiso humeante
y no la guerra
en los ángulos de mi cuerpo
donde la nostalgia
coagula el olvido.
*

HUBO, HAY, HABRÁ
batallas anónimas:
mi útero
estridente de flores
de plástico
para que no se mueran
para que los insectos
no hogareñen las hojas.

*

MI CUERPO PLASTILINADO
por las manos santas
de un médico
regurguita por la boca de Zeus
un apenas visible milagro.

La curva necesaria.

Y los ramos de rosas, quién los arroja ¿
hieren mis palmas.

*

LA CANTIDAD EXACTA Y SUFICIENTE
de polvo en los poros.
Azúcar de mascabo mi pelo,
una luciérnaga mi cruz
en los rincones oscuros
y soy una silueta a acuarelar en la pared
pincelada a pincelada.

Con las muñecas amortajadas
sujeto mi cadena.
Una cicatriz rencorosa
llevándose la voluntad de habla
y aun así mi sangre resulta dulce
como el agua limpia
y en los espejos el que no soy
tiene un gemir
de niño en incubadora.

*

DECIR MI CUERPO ES AJENO
como quien desentierra
a una tortuga
cuando se aviene el verano.
Que mi cuerpo sea
una desarticulación cubista
gota de sodio en la laringe.
Quisiera que no
pero hoy el cuerpo es un síntoma
un error claustrofóbico
no es la vista, no es el tacto, no
ocurre infinito en el presente:
Y decir yo es como decir
Y decir yo es como decir
mi padre; con el párpado a media asta
y su cuerpo zigzagueante
se detiene en cada pájaro en cada hormiga
sin saber que lo que hace
no deja de ser poesía.

*

Y DECIR YO ES COMO CREER QUE
un límite un encierro encapsula
un conjunto de ahoras
que topan ni desencadenan en nada.
Hacen del contorno
una prueba de fe, dónde empiezo ¿
el aullido doliente de los pájaros
decimos que cantan
un río seco
solo arrastra de barro, dónde termino ¿
y si hubiese un límite, qué es el otro ¿

¿Qué es esto que me sale del lenguaje?
Si se siente el pulso a dónde está la guerra
¿Por qué hay un hueco en aquella trinchera
con la profundidad de la garganta?
De un daimon de algo que cabe
en la palabra inconmensurable
pero no deja de desear nombrarse
otra cosa, de otra forma.

Si se siente el pulso, dónde está la guerra.
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