Los números de cafecitos que ven al ingresar son los acumulados desde que comencé con el primer micromecenazgo para juntar plata para una notebook.
La participación es anónima o no lo es, queda a decisión de quién paga el café. Para vos, tal vez, solo sea plata, para mí es un mimo a todo eso que remo como profesora cada vez que pago algo que termina en un estudiante.
Podés colaborar con mi laburo que hoy es Ad Honorem: material que pago de mi sueldo para mis alumnos, tóner para las copias que imprimo para los que no tienen recursos tecnológicos y/o digitales, entre otro sinfín de cosas que pagamos los docentes de nuestro bolsillo para dar clases.
La Fuerza está conmigo, ¿y vos?
Jedi de Lengua y Literatura.